Motivación y lema 22-23

A la luz del eje ”Ambiente de humanismo” y de todo lo vivido en estos dos años y medio de pandemia; de salir al encuentro y salar la vida cuidando, curando, dando sabor; de recrear vínculos y fomentar una cultura del encuentro donde todos y todas caben queremos reforzar nuestro estilo de ser escuela que acompaña, educadores acompañantes, favorecer los tiempos, espacios y actitudes que nos permitan acoger la VIDA acompañando la vida.
En el acompañamiento salimos al paso de las búsquedas de sentido, de interioridad y trascendencia, ayudando a que cada persona pueda elegir “su auténtico ser” entre sus “varios seres posibles” como hace Jesús en el camino de Emaús (Lc. 24, 13-35).

  1. Toma la iniciativa de acercarse
  • Quien acompaña, se aproxima y sale al encuentro desde donde la otra persona o grupo está; se pone al lado y camina con ella en la alegría o en el dolor, en la esperanza y en la desesperanza, en la luz y en la oscuridad.
  • Acercarse y provocar conversación buscando la luz de posibilidad en cada persona, en cada situación, en cada grupo, en cada equipo. ¿Qué valores reconozco en mí que me ayudan a salir al encuentro y acompañar a otros? ¿A quién nos acercamos? ¿A qué alumnos y alumnas? ¿A qué compañeros y para qué?

2. Ofrece libertad para responder
Dejar que otros se acerquen y compartir la vida, iniciativas, proyectos, tarea y vocación supone relación, comunicación, encuentro y comunidad que se ofrece libre y gratuitamente y ha de acogerse con la misma libertad.
¿Por quién me dejo acompañar? ¿Qué sentimientos despierta? ¿Cómo respondo?

3. Escucha acogiendo la V/vida
En el camino conversaban y discutían entre ellos. La escucha que se ofrecen:

  • Incluye y espera con paciencia.
  • Ante situaciones de desconcierto, dolor, impotencia, miedo… ayuda a ponerse en pie, fortalecer, objetivar situaciones y vislumbrar caminos.
  • Ofrece memoria, suelo y horizonte ¿Qué ambientes, tiempos y espacios (a nivel personal y a nivel de grupo, equipo) propiciamos y/o necesitamos para la escucha, para hacer memoria juntos, para proyectar, para incluir, para vislumbrar y abrir nuevos caminos en las personas y en los procesos que impulsamos?

4. Genera confianza que abre brechas de vida a través de preguntas
Preguntas que conectan con la clave de sentido y el propósito, que permiten narrar la propia vida; preguntas que abren la posibilidad, que nos ponen en movimiento, que nos conectan con la fuente y el sentido. Confianza ante el desconcierto, el cambio y el cansancio; confianza en los procesos que, juntos, estamos impulsando.

5. Renueva la esperanza

Acompañar, en este momento presente, desde dos claves fundamentales como creyentes: el realismo y la esperanza. ¿Y qué nos ayuda a sostener la esperanza?

  • Ayudarnos a hacer memoria juntos para mirar con perspectiva
  • La conciencia de la interdependencia entre los seres humanos y la vulnerabilidad
  • El realismo de lo pequeño
  • Reforzar la confianza en aquello que no controlamos.

6. Lanza de nuevo a la misión: ofrece consuelo, protección, bondad y cuidado. Es cercanía cálida y respetuosa que moviliza energías y despliega la vida. Alienta a lo que cada persona, situación y/o grupo puede ser y ofrecer como don.

7. La mirada que descubre a Jesús acompañando y habitando esa realidad:

  • Ayuda a desplegar resiliencia, paciencia y esperanza
  • Fortalece en la solidaridad
    Acompañamos desde nuestro ser creyente con la certeza de que Dios habita cada realidad, cada persona. Necesitamos cultivar una mirada atenta, lúcida y apreciativa que confía en la posibilidad que se esconde en cada situación.

Poveda concibe la tarea educadora como un modo de acompañar, es decir, de crear condiciones, espacios y ambientes, que ayuden a ser personas verdaderamente humanas y puedan desplegarse en plenitud. Nos recuerda Maite Uribe, en la carta del año, que necesitamos “tomarnos tiempo para escuchar, acoger, comprender, analizar y discernir, y así encontraremos caminos de futuro a las preguntas, a los afanes, a las esperanzas de nuestro mundo, y a los desafíos y cambios que nos pone delante (…) Para ello debemos ser expertos en el arte del encuentro y de la escucha”.

El acompañamiento es sal y luz porque en cada encuentro se vive la experiencia de “detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar…” (EG 46) y se hace palpable que caminamos junto al otro/a con “el ritmo sanador de la proximidad” (EG 169). El ADN nuclear del evangelio es “saber que estamos siempre acompañados”; desde esta certeza podremos acompañar a otros en el camino. El acompañamiento es cuidado que hace posible el encuentro para poner a Dios en el corazón. ¿Te acompaño?

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